El 3 de diciembre de 1894 falleció Robert Louis Stevenson. Cuenta la historia que horas antes, había asegurado a su esposa que su rostro estaba cambiando, una singular semejanza con una de sus obras maestras, que hemos elegido para homenajearlo.
Espacio de difusión e información para toda la comunidad educativa. Preguntas y comentarios : biblioteca14de11@gmail.com
jueves, 3 de diciembre de 2020
📚 A 126 años de su fallecimiento, recordamos al escritor escocés Robert Louis Stevenson.
jueves, 19 de noviembre de 2020
134° aniversario del nacimiento de Baldomero Fernández Moreno
lunes, 26 de octubre de 2020
Recordamos a Alfonsina Storni, en el aniversario de su fallecimiento
Destacada poeta y escritora argentina, Alfonsina Storni fue, además, protagonista del movimiento feminista e impulsora de un estilo de mujer independiente. A 82 años de su muerte, la recordamos con 2 poemas de su autoría
“Date a volar”
viernes, 23 de octubre de 2020
VIERNES DE JUEGOS Y LA FUERZA DE UNA FRASE
Uno de los ilustradores más importantes de nuestro país es Pablo Bernasconi. Su estilo y su forma de retratar personajes y hasta personalidades es tan original que su obra se ha llevado a todo el mundo. Ha ilustrado libros de historias, diarios y revistas. Pero también tiene libros en los que elige una frase poderosa y la combina con una ilustración.
Te mostramos algunas de estas postales donde una frase genial se potencia con una ilustración poderosa.
Y para terminar.... un juego de ordenar frases
miércoles, 30 de septiembre de 2020
56 años de Mafalda!
martes, 15 de septiembre de 2020
100 años del nacimiento del poeta Mario Benedetti
Mario Benedetti (Paso de los Toros, 14 de septiembre de 1920-Montevideo, 17 de mayo de 2009) fue un escritor, poeta, dramaturgo y periodista uruguayo, integrante de la Generación del 45, a la que pertenecieron, entre otros, Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti. Su prolífica producción literaria incluyó más de ochenta libros, algunos de los cuales fueron traducidos a más de veinte idiomas. En su testamento dejó creada la Fundación Mario Benedetti para preservar su obra y apoyar la literatura y la lucha por los derechos humanos (en especial el esclarecimiento del paradero de los detenidos desaparecidos en Uruguay).
Les dejamos algunos de sus poemas más populares y más lindos para que los disfruten y los conozcan:
https://www.poemas-del-alma.com/mario-benedetti.htm
jueves, 2 de julio de 2020
EL CUENTO DE HOY: “La princesa Ana” de Ma. Luisa Guerrero.

La princesa Ana había sido una niña muy feliz. Su padre, el Rey Andrés y su madre, la Reina Elena siempre la habían querido mucho.
A la princesa la educaron pensando que un día, cuando fuese mayor, llegaría a ser reina.
Le decían cosas como:
– El día que llegues a ser reina tendrás que respetar a tu pueblo, igual que hacemos nosotros ahora. Unos serán más pobres, otros más ricos… Unos serán más inteligentes, otros no tanto… Unos serán rubios y otros morenos… Porque en realidad todos somos diferentes…¿Verdad que tú y yo no somos iguales?… Yo soy más alto y tú más pequeña. Pero nada de esto significa que nadie sea mejor que otro. Todos podemos ser grandes personas, con todas nuestras diferencias.
La vida de la Princesa Ana transcurría apaciblemente entre sus clases y sus juegos, rodeada de sus padres y abuelos, de profesores y sirvientes, de amiguitos y mascotas.
A Ana le gustaban mucho los animales y siempre que había visto alguno perdido o desamparado lo había recogido, cuidado, alimentado…y, sobre todo, lo había querido mucho.
Tenía tres gatos que, aunque eran muy desobedientes, la adoraban…Tenía dos pajaritos que eran hermanitos y que se cayeron de un nido del jardín un día de tormenta. Tenía un perro enorme que jugaba mucho con los gatos y un ratoncito que salía de su agujero para saludarla siempre que no estaban ni el perro ni los gatos. Y en el estanque del jardín, un montón de peces de colores que, cuando la veían pasar cerca de la orilla, la seguían a donde fuese, formando preciosos arcoiris de diferentes formas.
En el estanque también había una ranita a la que le gustaba estar sentada sobre las hojas de los nenúfares, desde donde observaba a la princesa en sus juegos y paseos.
La princesa también era muy aficionada a los cuentos y solía sentarse en la orilla a leer hermosas historias a sus pececillos, sus nenúfares y su ranita.
Ella siempre pensó que sus animalitos la entendían, estaba segura de ello, y por eso, además de leerles, les hablaba de lo que sentía, de lo que le gustaba, les contaba qué le habían enseñado de nuevo sus profesores y todo lo que se le ocurría y pasaba por la cabeza.
Ana fue creciendo y de ser un niña pasó a ser una jovencita. Un día su padre la llamó y le dijo:
– Ana, ya empiezas a ser mayor y tenemos que empezar a buscar un príncipe como es tradición, para casarte con él y reinar el día de mañana.
Ana escuchaba a su padre, pero no sabía por qué esas palabras le hacían sentir tan triste si siempre había querido el bien para ella.
Sus padres le contaban que apuestos jóvenes se acercaban a palacio para pedir su mano.
Le pedían su opinión, pero Ana no contestaba y sólo tenía ganas de llorar.
Solía irse al estanque y hablarle a sus peces y a su ranita.
Los peces, para animarla, se ponían de acuerdo y entre todos le hacían bailes dentro del agua y la ranita le hablaba en el idioma de las ranas, que con el tiempo Ana acabó entendiendo.
La ranita le decía que se animase,que seguramente el príncipe, que con ella se casara, la querría mucho y acabarían siendo muy felices, pero Ana seguía desconsolada y le contestaba que ella no quería casarse con ningún príncipe.
Transcurrieron muchos meses en la misma situación y Ana cada día estaba más triste.
Siempre se iba al estanque a hablar con su dulce y cariñosa ranita.
Un día, al borde del desconsuelo y con lágrimas en los ojos, le dijo:
– Mira, ranita, yo no me quiero casar con ningún príncipe y, si me tuviera que casar con alguien, lo haría contigo.
La ranita se quedó muy sorprendida, porque jamás había podido imaginar que esa jovencita a la que conocía desde que era niña y a la que quería tanto, pudiese decirle algo así, y le contestó:
– Me alegro mucho de oírte decir eso, Ana. Y en tus manos está que hagas tu sueño realidad… Podrías empezar, por ejemplo, dándome un beso, ¡a ver qué ocurre!
A partir de ahora yo cuidaré de ti, nos casaremos y reinaremos juntas.
Cogidas de la mano, fueron a hablar con los Reyes.
Ana les contó cuánto se querían y cómo se habían conocido.
– Yo amo a esta joven y pienso casarme con ella y no con ningún príncipe de los que han pedido mi mano.
Todos se quedaron muy sorprendidos de lo que Ana les estaba diciendo, sobre todo su madre, la Reina Elena, que no podía creer lo que estaba oyendo:
– Ana, no puedes casarte con una joven, tienes que casarte con un caballero, como lo manda la tradición. Y el día de mañana será el Rey de nuestro pueblo.
Pero el Rey Andrés, al ver los ojos de felicidad de su hija y tras haberla visto sufrir durante tanto tiempo,
decidió que había llegado la hora de cambiar la tradición y a partir de ese momento permitió que todas las personas de su reino pudieran elegir libremente
con quién querían casarse.
Al poco tiempo, Ana y la que había sido su ranita, que ahora era una hermosa mujer, se casaron.
Y en la historia de todos los tiempos fue éste el primer Reino en el que reinaron dos Reinas…y dos Reinas que, como también eran las personas más felices de este mundo, hicieron felices a todos los que las rodeaban y a todo el pueblo sobre el que reinaron.”
Textos e ilustraciones de M. Luisa Guerrero, autora española multipremiada. La publicación fue editada por “ONG por la No Discriminación”
Para descargar
e_book_la_princesa_ana_de_luisa_guerrero_ong_nd(1)
Versionada en formato audiovisual por el Canal PakaPaka
FUENTE: BLOG HABIAUNAVEZTRUZ
martes, 30 de junio de 2020
120 años de nacimiento de Antoine de Saint-Exupéry


¡Es un hermoso día para leer El Principito!... esperamos lo disfruten.
Abrazotes , las biblios💗💖💖
martes, 16 de junio de 2020
“Niña bonita” de Ana María Machado.
Había una vez un niña bonita, bien bonita.
Tenía los ojos como dos aceitunas negras, lisas y muy brillantes.
Su cabello era rizado y negro, como hecho de finas hebras de la noche.
Su piel era oscura y lustrosa, más suave que la piel de la pantera cuando juego con la lluvia.
A su mamá le encantaba peinarla y a veces le hacía una trencitas todas adornadas con cintas de colores. Y la niña bonita terminaba pareciendo una princesa de las tierras de África o un hada del Reino de la Luna.
Al lado de la casa de la niña bonita vivía un conejo blanco, de orejas color rosa, ojos muy rojos y hocico tembloroso. El conejo pensaba que la niña bonita era la persona más linda que había visto en toda su vida.
Y decía:
-Cuando yo me case, quiero tener una hija negrita y bonita, tan linda como ella…
Por eso, un día fue adonde la niña y le preguntó:
-Niña bonita, niña bonita, ¿cuál es tu secreto para ser tan negrita?
La niña no sabía, pero inventó.
-Ah, debe ser que de chiquita me cayó encima un frasco de tinta negra.
El conejo fue a buscar un frasco de tinta negra. Se lo echó encima y se puso negro y muy contento. Pero cayó un aguacero que le lavó toda la negrura y el conejo quedó blanco otra vez.
Entonces, regresó adonde la niña y le preguntó:
-Niña bonita, niña bonita, ¿cuál es tu secreto para ser tan negrita?
La niña no sabía, pero inventó.
-Ah, debe ser que de chiquita tomé café negro.
El conejo fue a su casa. Tomó tanto café que perdió el sueño y pasó toda la noche haciendo pipí. Pero no se puso negro.
Regresó entonces adonde la niña y le preguntó otra vez:
-Niña bonita, niña bonita, ¿cuál es tu secreto para ser tan negrita?
La niña no sabía, pero inventó:
-Ah, debe ser que de chiquita comí mucha uva negra. El conejo fue a buscar una cesta de uvas negras y comió y comió hasta quedar atiborrado de uvas, tanto, que casi no podía moverse.
Le dolía la barriga y pasó toda la noche haciendo pupú. Pero no se puso nada negro.
Cuando mejoró, regresó adonde la niña y le preguntó una vez más:
-Niña bonita, niña bonita, ¿cuál es tu secreto para ser tan negrita?
La niña no sabía y ya iba a ponerse a inventar algo de unos frijoles negros cuando su mamá, que era mulata linda y risueña, dijo:
-Ningún secreto. Encantos de una abuela negra que ella tenía.
Ahí el conejo, que era bobito pero no tanto, se dio cuenta de que la madre debía estar diciendo la verdad, porque la gente se parece siempre a sus padres, a sus 2 abuelos, a sus tíos y hasta a sus parientes lejanos. Y si él quería tener una hija negrita y linda como la niña bonita, tenía que buscar una coneja negra para casarse.
No tuvo que buscar mucho. Muy pronto, encontró una coneja oscura como la noche que hallaba a ese conejo blanco muy simpático. Se enamoraron, se casaron y tuvieron un montón de hijos, porque cuando los conejos se ponen a tener hijos, no paran más. Tuvieron conejitos para todos los gustos: blancos, bien blancos, blancos medio grises, blancos manchados de negro, negros manchados de blanco, y hasta una conejita negra, bien negrita. Y la niña bonita fue la madrina de la conejita negra.
Cuando la conejita salía a pasear siempre había alguien que le preguntaba:
-Coneja negrita, ¿cuál es tu secreto para ser tan bonita?
Y ella respondía.
-Ningún secreto. Encantos de mi madre que ahora son míos.




















